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Odoo para empresas de servicios

Tu almacén son
las horas de tu gente.

Constructoras, estudios de arquitectura, instaladores, empresas de limpieza y jardinería, consultorías, agencias. No vendes producto: vendes proyectos y horas. Y ahí el problema nunca es el stock — es saber si el trabajo que acabas de entregar te ha dejado dinero.

Señales

Cuándo te hace falta

Presupuestas a ojo

Tiras del último trabajo parecido y le sumas un porcentaje. Va bien hasta que te toca uno que se complica y descubres tarde que ibas perdiendo.

No sabes qué proyecto te da dinero

El resultado del año lo ves en el cierre, pero no sabrías decir cuál de los veinte trabajos tiró del carro y cuál se lo comió.

Las horas se apuntan donde caiga

En un cuaderno, en el móvil, en un grupo de WhatsApp. Y cuando hay que facturar, alguien se pasa una tarde reconstruyendo lo que hizo cada uno.

Facturas cuando te acuerdas

El trabajo se entregó en marzo y la factura salió en mayo, porque nadie tenía claro qué hitos estaban cerrados ni qué quedaba por certificar.

El trabajo

Del presupuesto a la factura, sin salir del sistema

Es la misma cadena en una obra, en un proyecto de arquitectura o en una consultoría. Cambia el vocabulario; el circuito, no.

  1. Presupuestas con partidas. Cada bloque con sus horas previstas, sus materiales y su margen. El cliente ve un documento ordenado y tú ves de dónde sale cada euro.
  2. El presupuesto aprobado se convierte en proyecto con sus tareas y sus responsables. No se vuelve a teclear nada.
  3. Tu gente imputa las horas desde el móvil, en la obra o en casa del cliente. Es un minuto al final del día, no un parte a mano.
  4. Ves el consumido contra lo presupuestado mientras el trabajo está en marcha. Que es cuando todavía puedes hacer algo.
  5. Facturas por hitos o por horas reales, lo que hayas pactado, con un clic desde el proyecto.
  6. Y al cerrar sabes el margen de ese trabajo concreto. El siguiente presupuesto ya no lo haces a ojo.

Según a qué te dediques

Lo que cambia en cada caso

El circuito es el mismo. Lo que se ajusta es lo de arriba.

Obra y construcción. Certificaciones por fases, subcontratas con su parte del presupuesto, y el material de obra descontándose del proyecto y no de un almacén imaginario.

Estudios de arquitectura e ingeniería. Fases con entregables, horas por perfil con su tarifa y el visado o la entrega como hito de facturación.

Instalación y mantenimiento. Contratos con revisiones periódicas que se generan solas, partes de trabajo firmados en casa del cliente y el histórico de cada instalación.

Limpieza y jardinería. Servicios recurrentes por centro, cuadrantes de personal y facturación mensual automática, que es donde se va el tiempo de administración.

Consultoría y agencias. Bolsas de horas que se consumen, retainers mensuales y el margen por cliente, no solo por proyecto.

Soporte informático. Tickets con sus horas, contratos de mantenimiento y avisos cuando una bolsa se está acabando — antes de regalar horas.

Y lo de siempre: cumplir sin pensarlo

La facturación queda adaptada a la normativa española desde el arranque, no como un parche después. Si tienes gente, el registro de jornada sale del mismo sitio donde tu equipo imputa las horas del proyecto: no son dos sistemas, es uno.

Las cuatro normas y sus fechas reales →

Cómo se paga

Financiación y cuándo conviene arrancar

Digitaliza CV y las líneas de la Generalitat, según convocatoria abierta.

Cámara de Comercio, con sus programas de digitalización para pymes.

Por fases. El proyecto se paga según se entrega: no adelantas todo el importe el primer día. Presupuesto cerrado, sin sorpresas a mitad.

Las convocatorias cambian cada año: en la primera reunión miramos contigo cuáles están abiertas. Y te decimos cuándo conviene arrancar: hay plazos de convocatoria, y meterse en esto en plena punta de trabajo no le conviene a nadie.

Cómo funcionan las ayudas →